Un gen de los neandertales parece aumentar la fertilidad de las mujeres

Agustín B. Ávila Casanueva

De cierta manera, todas las personas somos mosaicos. Es decir, somos nosotros mismos más algunos más, estamos hechos de muchos cachitos pero no todos los cachitos tienen el mismo origen. Durante tu desarrollo embrionario, adoptaste algunas células de tu madre –y prácticamente todas tus mitocondrias también se las debes a ella-. A lo largo de tu vida también vas intercambiando microbios con tus amigos, parejas y mascotas. Pero hay ciertas conexiones que son mucho más íntimas y antiguas.

Nuestra especie, Homo sapiens, también es un mosaico. Si bien nuestro género, Homo, es bastante solitario en la actualidad -siendo nosotros la única especie viva-, esto no siempre fue así. Hace decenas de miles de años compartíamos el planeta con otros prójimos como Homo erectus, Homo heidelbergensis, los denisovanos, y -quizá los más cercanos a nosotros- los neandertales.

“Casi todas las poblaciones humanas tienen, en distinta cantidad, ADN de neandertales” me explica Hugo Zeberg, investigador del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck en Alemania. El interés de Hugo, según me cuenta él mismo, es “analizar los genomas de distintas poblaciones mundiales y saber qué secuencias de ADN de neandertales aún podemos encontrar en ellas”, es decir, qué tanto de nuestro mosaico, pertenece a los neandertales.

El procedimiento que siguieron Hugo, y su equipo de trabajo en el Instituto Max Planck de Leipzig -en colaboración con el Instituto Karolinska de Suecia-, es muy sencillo: comparan los genomas que se han obtenido de distintos restos arqueológicos de neandertales, con las secuencias de ADN de distintas poblaciones de humanos.

“Así fue como encontramos este gen de origen neandertal” narra Hugo, “está presente dentro del 2% al 20% de las poblaciones humanas europeas y nativas americanas”. Pero ¿qué hace este gen? Este gen se llama PGR y codifica para una proteína que es un receptor de progesterona -una hormona relacionada con el ciclo menstrual y el embarazo-. Es decir, es un gen que determina qué tan sensible es una persona a la progesterona.

La versión neandertal de este gen no es tan diferente a la humana. La proteína sólo cambia un aminoácido de su secuencia, una mutación de una letra. Pero cuando Hugo y su equipo de trabajo miraron con mayor detalle, descubrieron que en realidad había dos versiones del gen PGR. Todo queda explicado gracias a otro elemento de nuestro mosaico interno: las secuencias Alu.

Hay pedazos de ADN que se encuentran dentro del genoma de distintos organismos, y que son capaces de copiarse a sí mismos e insertar esa copia en otro lugar del genoma. Estos elementos saltarines se les llama transposones, y hay un tipo en particular que es muy común en los primates: las secuencias Alu.

Así, el gen del receptor de la progesterona de origen neandertal parecía tener dos versiones, una con una secuencia Alu insertada dentro de un intrón -una parte del gen que no se convierte en proteína, y por lo tanto no afecta su función-, y otra sin la secuencia Alu.

“Entonces nos quedaba la duda si el elemento Alu surgió en el gen PGR antes o después de haberse pasado de los neandertales a los humanos” dijo el Dr. Zeberg, “en todas las poblaciones humanas que analizamos, el gen PGR de origen neandertal existe tanto en su versión con Alu y en su versión sin Alu, lo cual inmediatamente nos decía que si el elemento Alu surgió después de que el gen se pasó a los humanos, la inserción de la secuencia Alu, sucedió casi exactamente después”.

Para aclarar el asunto, Hugo y sus colaboradores -Janet Kelso y Svante Pääbo-, analizaron los genomas de tres neandertales y al buscar el gen PGR encontraron que dos de ellos sí tienen la variante con Alu y el otro no. Ahí estaba la solución, si los neandertales ya tenían este mosaico con y sin Alu, fue en ellos donde surgieron estas versiones y fueron ellos quien nos pasaron ambas versiones.

Esto se suma a mucha evidencia previa de que cuando nuestros ancestros humanos encontraron a los neandertales en el Medio Oriente y en Europa, no sólo compitieron por recursos, sino también tuvieron sexo con ellos, y la descendencia que tuvieron, tenía ADN de sapiens y de neandertal. Un mosaico.

Ahora sólo faltaba saber cómo es que estas variantes del gen PGR neandertal sobrevivieron hasta la actualidad. Sabemos que este gen vuelve a las mujeres que lo tienen más sensibles a la progesterona ¿Qué hace la progesterona? Entre otras funciones, la progesterona se encarga de que el endometrio esté preparado para recibir el óvulo fecundado e iniciar el desarrollo de la placenta, así como mantenerla durante el embarazo.

“La progesterona se les suele administrar a las mujeres que han tenido problemas en etapas tempranas del embarazo, aumentando su fertilidad” me explica Hugo. Entonces, para las mujeres que tienen el gen neandertal de PGR, es decir, que son más sensibles a la progesterona, es como si estuvieran tomando un suplemento, generan la misma respuesta que si se estuvieran tomando una pastilla.

Aunado a esto, Hugo y su equipo también encontraron que, en promedio, las mujeres con el gen neandertal, suelen tener más hermanas que el resto de la población, además de tener menos abortos espontáneos. “Todo apunta a que este gen neandertal genera un aumento en la fertilidad de las mujeres que lo portan” concluye el Dr. Zeberg.

Los resultados de su investigación fueron publicados el pasado 21 de mayo en la revista Molecular Biology and Evolution, pero Hugo y sus colegas ya están buscando más ADN neandertal dentro de nuestros genomas “hemos encontrado historias muy interesantes” me dice, “espero podértelas contar pronto”.

Ilustración: Chica neandertal. Tom Björklund. 2018.

Referencia: Hugo Zeberg, Janet Kelso, Svante Pääbo, The Neandertal Progesterone Receptor, Molecular Biology and Evolution, 21 May 2020, msaa119, https://doi.org/10.1093/molbev/msaa119

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