Víctor González, Centro de Ciencias Genómicas, UNAM.

Editado por Christian Sohlenkamp.

Introducción.

Hoy en todo el mundo una gran cantidad de seres humanos ha sido infectado por el coronavirus SARS-CoV-2 y una fracción importante ha desarrollado el síndrome respiratorio agudo CoViD-19. Estamos frecuentemente perplejos ante el rápido aumento de casos, y nos hacemos numerosas preguntas sobre esta pandemia. Fundamentalmente, si estamos a salvo de la infección y si no, como prevenirla y/o curarla. Las disposiciones y recomendaciones oficiales emitidas por las autoridades de salud pública para controlar la pandemia a veces no alcanzan a explicar por qué debemos restringir nuestro comportamiento social. Una gran parte de la explicación reside en la biología del virus, y conociéndola podemos entender porque debemos evitar por cualquier medio ser contagiado o contagiar.

Del origen a la sorpresa.

Los primeros datos de pacientes con síntomas de una neumonía severa y atípica fueron reportados en Wuhan, China en diciembre de 2019. El origen de los casos señalaba al mercado de mariscos de aquella ciudad como la posible fuente de contagio. Los médicos chinos supieron rápidamente, que no se trataba de una neumonía normal y mucho menos de una gripa sino de una enfermedad respiratoria compleja que afectaba los bronquios y el pulmón. A partir de entonces, las infecciones comenzaron a surgir en cadena y a principios de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya tenía los reportes de un virus nuevo que estaba causando una epidemia en China.
Para admiración del mundo entero se construyeron un par de hospitales en un tiempo record de dos semanas. Fue mucho más extraordinario que los investigadores en China y en el mundo, a pocas semanas (para ser preciso el 7 de enero de 2020) del inicio de las infecciones conocieran la morfología del virus mediante microscopía electrónica, obtuvieran la secuencia completa del genoma (el conjunto de genes del virus), y estudiaran las relaciones evolutivas con otros virus.

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